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7 de abril de 2026Ver sangre después de ir al baño puede resultar alarmante, sobre todo si ocurre con frecuencia. Si te preguntas por qué las hemorroides siguen sangrando, la respuesta breve es que el tejido hemorroidal inflamado es frágil, se irrita con facilidad y suele estar expuesto a esfuerzos repetidos. Cuanto más se frote, se estire o se presione ese tejido, más probable es que vuelva a sangrar en lugar de curarse por completo.
Dicho esto, nunca se debe descartar un sangrado rectal recurrente como «simplemente hemorroides» sin una evaluación adecuada. Las hemorroides son una causa muy común, pero no son la única. Es importante determinar la causa correcta, sobre todo cuando el sangrado es frecuente, abundante o va acompañado de dolor u otros cambios.
¿Por qué siguen sangrando las hemorroides después de ir al baño?
La mayoría de las hemorragias hemorroidales se producen porque los vasos sanguíneos del tejido hemorroidal dilatado se encuentran muy cerca de la superficie. Cuando se evacua, sobre todo si las heces son duras, voluminosas o requieren esfuerzo, ese tejido puede desgarrarse o irritarse lo suficiente como para sangrar. Incluso las heces blandas pueden provocar irritación repetida si te limpias con frecuencia o sientes urgencia.
Las hemorroides internas son una causa frecuente de sangrado de color rojo vivo. No siempre causan mucho dolor, lo que puede hacer que el sangrado resulte más desconcertante. Las hemorroides externas también pueden sangrar, sobre todo si se irritan o si una hemorroide trombosada estira la piel y acaba rompiéndose.
El sangrado suele continuar cuando la presión subyacente no ha cambiado. El estreñimiento, permanecer mucho tiempo sentado en el inodoro, el esfuerzo excesivo, levantar objetos pesados, el embarazo y la diarrea crónica pueden mantener inflamadas las hemorroides. Las cremas de venta libre pueden aliviar los síntomas durante un tiempo, pero no siempre tratan el tejido inflamado en sí.
Las causas más comunes por las que las hemorroides siguen sangrando
En muchos pacientes, las hemorragias recurrentes no se deben a un episodio concreto. Por lo general, son el resultado de la fricción y la presión continuadas a lo largo del tiempo.
Estreñimiento y esfuerzo al defecar
Este es uno de los principales factores. Las heces duras rozan el delicado tejido, y el esfuerzo aumenta la presión en las venas rectales. Esa combinación aumenta la probabilidad de sangrado y retrasa la cicatrización entre evacuaciones.
Pasar demasiado tiempo en el baño
Mucha gente no se da cuenta de lo importante que es esto. Pasar más tiempo mirando el móvil mientras estás sentado en el inodoro aumenta la presión sobre las venas hemorroidales. Si ya tienes el tejido inflamado, esa presión puede perpetuar el problema.
Diarrea crónica o deposiciones frecuentes
El sangrado no es solo un problema de estreñimiento. Las deposiciones frecuentes, la urgencia y el uso excesivo de papel higiénico pueden provocar la inflamación de las hemorroides. El tejido no tiene oportunidad de recuperarse cuando se produce irritación varias veces al día.
Tratamiento incompleto
Los cuidados en casa pueden aliviar los síntomas temporalmente, pero algunas hemorroides siguen sangrando porque los vasos sanguíneos dilatados subyacentes siguen ahí. Si los síntomas reaparecen una y otra vez, puede ser un indicio de que la hemorroide necesita un tratamiento más específico, en lugar de otra ronda de cremas o toallitas.
Embarazo o presión pélvica
El embarazo puede aumentar la presión en las venas pélvicas y rectales, lo que a menudo provoca hemorroides o agrava las ya existentes. Lo mismo puede ocurrir en casos de obesidad o cualquier otra afección que aumente la presión abdominal.
Anticoagulantes o mayor tendencia a sangrar
Si toma aspirina, warfarina, clopidogrel, apixabán, rivaroxabán o medicamentos similares, incluso una irritación leve de las hemorroides puede provocar un sangrado más notable. Esto no significa que las hemorroides sean inofensivas en ese contexto. Significa que debe someterse a una evaluación minuciosa.
Cuándo el sangrado puede no deberse a hemorroides
Esta es la parte que mucha gente tiende a posponer. La sangre de color rojo vivo puede deberse a hemorroides, pero también a fisuras anales, inflamación, pólipos, cáncer colorrectal y otras afecciones gastrointestinales. Las fisuras anales, en particular, se confunden a menudo con hemorroides, ya que también pueden provocar sangrado al defecar.
Una fisura es un desgarro en el revestimiento del ano. A menudo provoca un dolor agudo durante o después de la defecación, mientras que las hemorroides internas suelen causar sangrado indoloro. Sin embargo, los síntomas pueden solaparse, y algunos pacientes padecen ambas afecciones al mismo tiempo.
Si nunca se ha confirmado el diagnóstico, las hemorragias recurrentes merecen una exploración médica. Dar por sentado que la causa son las hemorroides puede provocar un retraso de semanas o meses.
Cuándo el sangrado por hemorroides es motivo para acudir al médico sin demora
No todos los casos son urgentes, pero hay ocasiones en las que hay que actuar con rapidez. Se debe consultar al médico si la hemorragia es abundante, se produce entre deposiciones, provoca debilidad o mareos, o tiñe de rojo el agua del inodoro de forma repetida. Lo mismo ocurre si se presentan heces negras, dolor abdominal, pérdida de peso inexplicable o un cambio en los hábitos intestinales.
También debe acudir al médico si el sangrado persiste a pesar del tratamiento en casa, o si tiene más de 45 años y no se ha sometido a las pruebas de detección de cáncer colorrectal adecuadas según su historial médico y sus factores de riesgo. El sangrado persistente no es algo que deba controlarse indefinidamente.
¿Qué es lo que realmente ayuda a evitar que las hemorroides vuelvan a sangrar?
Si se confirma que las hemorroides son la causa, el tratamiento debe adaptarse a la gravedad y al patrón de los síntomas. En los casos leves, los cambios en los hábitos intestinales pueden suponer una diferencia significativa. Las heces más blandas reducen la fricción. Esforzarse menos reduce la presión. Pasar menos tiempo en el baño reduce la inflamación venosa continua.
Esto suele implicar aumentar el consumo de fibra de forma gradual, beber suficiente agua y utilizar un laxante blando si tu médico te lo recomienda. Los baños de asiento con agua tibia pueden ayudar a aliviar la irritación. También es importante una limpieza suave. Frotarse con fuerza puede mantener el tejido inflamado, por lo que a muchos pacientes les va mejor con productos de limpieza a base de agua o toallitas sin perfume que se utilicen con cuidado.
No obstante, el tratamiento conservador tiene sus límites. Si las hemorroides siguen sangrando, es posible que el problema radique en que la hemorroide interna agrandada siga recibiendo el mismo riego sanguíneo y continúe prolapsándose o rozando durante la defecación. En ese caso, controlar los síntomas y aplicar un tratamiento definitivo no son lo mismo.
¿Por qué siguen sangrando las hemorroides incluso aunque se aplique crema?
Los productos tópicos pueden ayudar a aliviar el picor, la irritación o la inflamación a corto plazo, pero a menudo no eliminan la causa de las hemorragias recurrentes. Por eso, a veces los pacientes se sienten mejor temporalmente, pero vuelven a ver sangre unos días después.
Las cremas también son más eficaces cuando el problema es leve y externo. Las hemorroides internas, que suelen provocar un sangrado de color rojo vivo, a menudo responden peor a los tratamientos de venta libre por sí solos. Si has utilizado productos de venta libre más de una vez y el sangrado sigue reapareciendo, es recomendable dejar de lado el autotratamiento.
Cuándo es recomendable el tratamiento ambulatorio
Para los pacientes que desean aliviar sus molestias sin recurrir a la cirugía tradicional, el tratamiento de las hemorroides en la consulta puede ser una opción práctica. La ligadura con banda elástica, a menudo denominada «ligadura de hemorroides», se utiliza habitualmente para tratar las hemorroides internas que sangran o se prolapan. Su mecanismo de acción consiste en cortar el flujo sanguíneo al tejido problemático, de modo que este se retraiga y se resuelva con el tiempo.
Este enfoque suele ser adecuado para adultos que han pospuesto el tratamiento porque no desean someterse a anestesia, estar en un entorno hospitalario o pasar por una recuperación prolongada. En el paciente adecuado, puede abordar la causa de las hemorragias recurrentes de forma más directa que los tratamientos que solo se centran en los síntomas.
Una consulta especializada también puede determinar si las hemorroides son la única causa o si hay alguna fisura, irritación cutánea u otra afección anorrectal que esté contribuyendo al problema. Esto es importante porque el tratamiento no es igual para todos. Un paciente con sangrado y dolor agudo puede necesitar un plan diferente al de alguien con sangrado indoloro y prolapso.
En Hemorrhoid Centers of America, este tipo de evaluación se centra en soluciones no quirúrgicas diseñadas para aliviar de forma eficaz el sangrado, el dolor, la hinchazón y la irritación, sin derivar a los pacientes a un tratamiento quirúrgico tradicional cuando no es necesario.
Una forma práctica de abordar las hemorragias recurrentes
Si la hemorragia se ha producido una sola vez tras un estreñimiento evidente, puede ser razonable seguir con los cuidados en casa mientras los síntomas mejoran. Si sigue ocurriendo, la pregunta pasa de ser «¿Cómo puedo aliviar esto hoy?» a «¿Por qué sigue ocurriendo?».
Ese cambio es importante. El sangrado recurrente de las hemorroides suele indicar que el tejido sigue irritado, sigue inflamado o, tal vez, no sea la verdadera causa del problema. Cuanto antes se aclare esto, antes podrás dejar de hacer conjeturas y empezar a tratar la causa real.
Nadie debería tener que organizar su vida en función de las hemorragias en el baño, la colada extra o la angustia de no saber qué va a encontrar tras la siguiente evacuación. Si las hemorroides siguen sangrando, vale la pena acudir a un profesional que trate estas afecciones a diario para que le haga una evaluación específica. El alivio suele ser más sencillo de lo que los pacientes esperan, y no siempre requiere cirugía.
Un buen paso a seguir es no esperar al «momento perfecto» ni a que el sangrado sea imposible de ignorar. Se trata de obtener respuestas claras mientras el problema aún se puede controlar.





